Piensa en mi propuesta

Llegaron a la Avenida Lerdo, a unos departamentos de los mismos propietarios del Hotel Ritz. Martín habló con el encargado mientras Meche observó el exterior del edificio, en sus brazos tenía al pequeño Alberto, de apenas un mes de nacido. Les entregaron las llaves y entraron a uno de los cuartos. Meche miró, con cierto alivio, el espacio que Juan Gabriel había dispuesto para ella. No era una gran casa como la que le ofreció en El Paso, pero al menos no la había abandonado del todo. Acomodó sus pocas pertenencias en el ropero y pudo acostar a su hijo en la cuna que estaba del otro lado de la habitación. Martín seguía ahí con una sonrisa dibujada; su amabilidad no le parecía natural a Meche, pero estaba con ella y la ayudaba. La renta la pagaría el cantante; sin embargo, el secretario estaría a cargo de resolverle sus necesidades, tal como enunciaba en la carta.

―Te dejo descansar ―le expresó Martín, mientras le daba un abrazo―.

Piensa en mi propuesta.

Meche solo asintió. No tuvo tiempo para pensar ni para ponerse triste; el bebé exigía alimento. Después del fuerte impacto de la carta, de leer aquellas palabras que tanto la lastimaron, se le cortó la leche, por lo que necesitó usar la fórmula recomendada por el médico. Mientras preparaba la mamila, recordó la propuesta de compadrazgo que le hizo Martín y pensó: “No confío lo suficiente en él”.