Prólogo

Este libro es la biografía de Mercedes Álvarez, pero también es algo más: la historia de una amistad muy fuerte, con zonas oscuras, episodios poco afortunados, altas y bajas. La mayor parte de los relatos hablan de amor, de una pareja que se encuentra y eso da origen a todo lo demás, pero aquí no se trata de este tipo de historia, pues los lazos de la amistad pueden ser mucho más auténticos por no venir entrelazados con los vaivenes del deseo sexual.

     Podría parecer que la amistad es más fácil de construir y alimentar, sin embargo una aportación de este libro es mostrarnos las turbulencias que afectan las relaciones humanas y las distancias a veces infranqueables, como los abismos, entre dos grandes amigos: Mercedes y Juan Gabriel. La historia no es ajena al público, pues esta es la amistad más famosa de Ciudad Juárez. Se ha escrito y hablado ya de ellos, pero nunca desde la perspectiva de Meche, quien sufrió los efectos de las mentiras de los tabloides y libros donde se hablaba mal de ella o se publicaban datos falsos.

     La fama le mostró su lado más terrible: no obtuvo compensaciones ni éxito como su gran amigo, solamente se sintió utilizada por medios de comunicación y personas sin escrúpulos que buscaban beneficiarse, obtener ganancias al acercarse a la vida del gran triunfador, el “Divo de Juárez”, uno de los más famosos cantautores del mundo de habla en español, cuya leyenda fue construida a pesar de él mismo.

     Ahora, por fin, la voz de Meche y su verdad son rescatadas en este libro, gracias a la idea de Joseph Carlson de comenzar este proyecto, después de años en que las demás voces silenciaban la de ella. Este libro surge a partir del afán de reivindicarla en contra de quienes se han referido a esta persona como “Meche la de Juan Gabriel”. A sus casi 70 años, se atreve por fin a revelar su vida al público, a salir de la enorme sombra del artista, subida a un pedestal muy alto por sus seguidores.

     Fausto Lozano Lara, autor de este texto, decidió emprender la tarea de conocer     a Meche y, a solicitud de Carlson, mostrárnosla de una forma que recupera su humanidad y se aleja de los estereotipos inútiles de la prostituta o la santa. Lozano rescata para nosotros a una mujer que, como cualquier ser humano, debe vivir con sus remordimientos y alegrías, sus logros y fracasos.

     En el último capítulo del libro, el autor nos cuenta cómo conoció a Meche y  muestra con cuáles materias teje este relato alimentado por los diarios de ella, además de una investigación de campo y hemerográfica sobre la vida de Juan Gabriel. Fausto Lozano se preocupó por el contacto de primera mano, pues buscó ahondar en el alma de Meche gracias a numerosos encuentros con ella y a que visitó los espacios principales donde se desarrolla la historia: la colonia Barrio Alto, la Avenida Juárez, la 16 de septiembre y la Lerdo entre otras.

     El resultado es afortunado. Lozano logra ordenar y seleccionar los hechos más interesantes y entrelazarlos con la vida de Juan Gabriel cuando es necesario, sin permitir que la figura del cantautor nos haga invisible a la de ella, pues este es el libro de Mercedes Álvarez.

     Hay un tercer actor muy importante en esta historia: Ciudad Juárez. En nuestra frontera se conocieron Meche y Juan Gabriel. Su amistad y ellos mismos florecieron entre la vida nocturna juarense, en sus centros de baile como el famoso bar “Noa Noa”, donde gozaron su juventud, pero también afrontaron las vicisitudes que los unieron para siempre y a pesar de la distancia.

     Ambos se consideraron hermanos por elección, ninguno adivinó la amenaza que reflectores, marquesinas y medios de comunicación constituirían para su relación. Nadie imaginó cómo la separación los atormentaría hasta el final de sus días. Quizá la fama los separó, tal vez el dinero o la influencia de otros; lo cierto es que ambos se hicieron daño.

     Ella lo ayudó cuando era un adolescente desvalido; él también le dio amparo cuando ya era un adulto exitoso y su amiga lo necesitaba, dejándola vivir en su casa como ella le había permitido dormir en su cama. Pero Juan Gabriel le dio esperanzas, mientras Meche aguardó durante mucho tiempo el día en que él recapacitara. Ninguno supo cómo arreglar problemas o superar malos entendidos, pero se quisieron desde la lejanía.

    Favores, cartas, promesas y una canción especial alimentaron esta relación ensombrecida a partir de la encrucijada donde tomaron caminos distintos. Ese momento pondría a prueba su lealtad. Si lo superaron o no, es el lector quien lo juzgará.